- ¿Habéis renunciado a algo por ser mujeres viajeras?
Rosa María Calaf: No tengo la sensación de haber renunciado a nada. Siempre se piensa en conciliar la vida familiar. Pero yo no lo quise. Lo que quise es sin duda lo que he hecho. Más bien al contrario, tengo la sensación de haber sido una auténtica privilegiada y afortunada de haberlo podido hacer. Probablemente podría haber visto más a mis padres, pero siempre he tenido relación con la familia dentro de lo posible. Sinceramente no creo que haya renunciado a nada.
Pepa Roma: Creo que es una cuestión de opciones. Creo que la opción de libertad y de viajar ha estado siempre como un deseo en las mujeres, pero la maternidad y las dependencias económicas lo impedían. En cuanto hemos visto la puerta abierta hemos escogido esta opción. Lo he visto en muchas mujeres cuando íbamos por la India, que viajaban con sus hijos a cuestas. En cambio, lo de la maternidad a otras nos ha interesado menos y este ansia de libertad las ha superado. Aunque es cierto que es incompatible en muchos aspectos o lo hace más difícil, creo que la ventaja la supera.
Cristina Morató: Yo viajo con mi hijo que tiene 15 años y estoy repitiendo países e itinerarios. Viajo a través de los ojos de mi hijo, que es viajar de otra manera e incluso discutir cosas que yo no conocía. Así que voy a seguir viajando, pero con él.
- ¿Qué recomendaciones daríais a las mujeres que quieren viajar?
Rosa María Calaf: Tener ganas de hacerlo, mucho sentido común, saber a dónde quieres ir para no cometer errores, tener determinación, no creer en las cosas que a veces nos dicen y tener curiosidad.
Rosa María Calaf: Es verdad que hay sitios que no te dejan entrar por ser mujer, cuando ven que eres mujer no quieren ser entrevistados. Un ejemplo fue cuando tuve que entrevistar a Jomeini. No podía mirarle a la cara, solo podía mirar al traductor. Os encontraréis con muchas limitaciones.